Dato necesario
Noticias

Noticias

COVID-19: ¿Cómo vivir sin tocar cuando no ves bien?

COVID-19: ¿Cómo vivir sin tocar cuando no ves bien?
08
JUN
2020

En España, al menos un 2% de la población es ciega o tiene baja visión, lo que implica que su agudeza visual es  igual o inferior al 30%. La baja visión es una anomalía visual un grado  menor que la ceguera y, hoy por hoy, no tiene cura. No solemos reparar  en cómo de frecuente es, sobre todo porque no basta mirar a los ojos de  los afectados para apreciarlo. 

Sin embargo, la realidad es  que en España más de un millón de personas se hallan en esta situación.  Los síntomas de la baja visión se presentan en forma de visión borrosa,  pérdida de visión central o periférica, o disminución de una parte del  campo visual. Algunas de las patologías que pueden causarla son el glaucoma, la degeneración macular, la retinosis pigmentaria y otras distrofias de retina hereditarias. 

Dos metros de distancia que impiden la comunicación

Ahora  la normativa para salir de esta pandemia nos obliga a todos a cumplir  una serie de reglas fundamentales, entre las que destacan el uso de  mascarilla en lugares públicos y el distanciamiento higiénico de dos  metros. El problema es que hay personas que, por sus limitaciones  visuales, no son capaces de determinar con precisión esa distancia respecto a otros individuos. 

Para colmo, mantener la distancia les dificulta obtener información de alguna persona cercana en tareas tan cotidianas como encontrar un producto en el supermercado. Con el fin de sensibilizarnos sobre el problema, la  plataforma “Tengo Baja Visión” ha lanzado una campaña en la que invitan  a que estas personas utilicen un distintivo en forma de pin con el  mensaje “tengo baja visión”. Ese simple gesto nos permitiría a los demás  identificarles, comprender su situación y prestarles ayuda. Por  ejemplo, ayudándoles a guardar la distancia de seguridad y  advirtiéndoles verbalmente de posibles riesgos. 

El cambio de configuración de los espacios

No acaban aquí los problemas para las personas con diversidad visual. En la fase de reincorporación a la vida normal, se han reorganizado los espacios para que se circule  de forma ordenada, estableciendo, por ejemplo, vías de entrada y salida  en los centros comerciales. 

El problema es que la señalización se ha realizado basándose en las personas que pueden ver sin dificultad. Entre otras cosas, se han pintado líneas en el suelo o se han colocado  orientaciones visuales para indicar dónde están los guantes y los  desinfectantes. Ahora bien, en ningún momento se ha establecido que las  señales en el suelo incorporen bandas en relieve para poder ser  detectadas por los bastones de los invidentes. Ni tampoco se han  instalado señales de gran tamaño a la altura del campo visual para que  puedan ser percibidas por personas con baja visión. 

La consecuencia es que los  cambios en la configuración de los espacios está afectando a una gran  cantidad invidentes y personas con baja visión. Suelen tener memorizados los espacios, y los cambios de direcciones realizados en los establecimientos les pueden generar una gran desorientación. 

Parece lógico y exigible que las nuevas normativas que regulan la pandemia y la post-pandemia hagan una excepción con estas personas a la hora de tocar físicamente determinados elementos de su entorno. Por otro lado, los grandes  avances realizados hasta ahora en señalización deberían ponerse en  práctica en estos momentos mas que nunca. 

Y otro aspecto que  inevitablemente debería someterse a revisión sería el distanciamiento  higiénico de dos metros, para que este no se convierta en un  distanciamiento humano que también dificulte ayudar a otra persona  cuando lo necesite. 

¿Existen alternativas al Braille en los lugares públicos?

A  esto se le suma que, entre las precauciones que hay que tomar por la  pandemia de COVID-19, se incluye la limitación del contacto físico con  superficies de materiales donde el virus es capaz de permanecer hasta 72  horas, como el plástico o el acero. Una medida que a quienes no pueden  guiarse por la vista les supone un importante obstáculo. Sin ir más  lejos, en el marco de la llamada “nueva normalidad”, la orden  ministerial SND/399/2020 ha prohibido expresamente el uso de los elementos museográficos diseñados para un uso táctil. 

Si encima optan por usar  guantes –aunque no es obligatorio, incluso desde el Ministerio de  Sanidad se recomienda evitarlo y, en su lugar, lavar frecuentemente las  manos–, estos les impiden el reconocimiento de los símbolos en Braille.  Tanto en los números de los ascensores, en la señalización del baño de  hombres o de mujeres o, sencillamente, en el título de un libro en la  librería. El Braille, que ha sido indudablemente un gran avance social  en la señalización y la comunicación, podría verse ahora temporalmente  suspendido en espacios públicos. 

Es la era y la hora de los  dispositivos móviles. Permítanme que, llegados a este punto, refiera una  experiencia personal. No hace mucho, organizamos en el Bizkaia Aretoa  en Bilbao una exposición sobre fotografías científicas del “Ojo de la ballena”. Como una especie de premonición de lo que se avecinaba, la exposición  estaba totalmente adaptada a personas con baja visión, así como a  invidentes. 

Esta exposición, además de las notas a pie de foto en Braille, disponía de una audioguía que se podía bajar instantáneamente a cualquier dispositivo, gracias a  un código QR. Este sistema permitía a los visitantes con diversidad  visual obtener toda la información de las obras traducida a señales  sonoras. ¡Difícil saber cuándo se podrá volver a mostrar de nuevo esta  exposición de obras “tocables”! Pero parece que este podría ser el  camino en la nueva normalidad: generalizar los códigos QR. 

La pandemia nos ofrece la  oportunidad de avanzar tecnológicamente un poco más y simplificar la  vida a personas que no ven o ven mal. En un mundo supeditado a  constantes desplazamientos, la transferencia a un dispositivo móvil de  la información de la vía desde la que sale el siguiente tren, sin tener  que tocar o leer ningún cartel, debería ser algo preceptivo. Los  investigadores en telecomunicaciones tienen ahí todo un nuevo reto para  que, al menos, esta pandemia nos sirva para avanzar en la adaptabilidad. Y poder sacar algo en positivo. 

El artículo original ha sido publicado en The Conversation. 

Subir arriba
Normas y condiciones del servicio - Agregar a favoritos - Avisar de un error - E-Mail: asociacion.retina.salamanca@gmail.com -

2024© VirtualSoft Taller Informático & Asociación Retina Salamanca