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Entrevista a Mercedes Nieto. Salamanca24horas.com

Entrevista a Mercedes Nieto. Salamanca24horas.com
29
AGO
2020

“Los ciegos somos los eternos olvidados de la  pandemia, todas las indicaciones  de prevención están hechas para gente que puede ver”

Mercedes Nieto es vendedora de la ONCE y ha  querido compartir las dificultades a las que se enfrentan diariamente  las personas ciegas tras la finalización del confinamiento

El inicio de la “nueva” normalidad ha requerido  de un  proceso de adaptación a todos los niveles para la sociedad. Desde  que comenzaron  las fases de desescalada no se ha dejado de escuchar a  través de todos los  medios de comunicación las recomendaciones de  mantener las distancias de  seguridad, intentar no tocar más que lo  necesario y estar continuamente desinfectándose  las manos. Pero, ¿qué  pasaría si los ojos estuvieran completamente vendados?

A este  lastre se enfrenta diariamente Mercedes Nieto  Iglesias, que tiene  retinosis pigmentaria. Esta enfermedad genética progresiva que  no tiene  posibilidad de operación ni cura, da lugar a una pérdida de campo y   agudeza visual. En este momento, Mercedes se encuentra en una fase  avanzada y  como ella misma cuenta, “ya no ve casi nada”.

 

Desde  hace 8 años trabaja vendiendo productos de la ONCE, “me  ofrecieron la  oportunidad de trabajar y, a pesar del respeto que da enfrentarse  a la  gente, desde que comencé me encanta mi trabajo”.

En  representación del colectivo, Mercedes ha querido contar  cómo es su día  a día tras finalizar el Estado de Alarma y los problemas a los  que se  enfrenta y que el resto de personas ni siquiera se para a pensar.

“Cogí el COVID en el  trabajo o en el autobús de camino a mi puesto”

Mercedes,  al igual que muchos españoles, dejó de trabajar de  forma presencial el  13 de marzo y, cuando pasaron unos días comenzó a tener  todos los  síntomas a los que da lugar el COVID- 19. “Me puse malísima, me  comenzó  a faltar la respiración y cada vez empeoraba más. Lo debí coger de  camino  al trabajo o allí, porque ningún otro miembro de mi círculo  cercano lo tuvo”,  cuenta.

Los  médicos recomendaron a Mercedes permanecer en una  habitación aislada  hasta que se recuperase y así fue, permaneció separada de su  hija, de  18 años, que fue la que se encargaba de facilitarle la comida y estar   pendiente de la casa.

“Pasé el mes hablando  por teléfono y escuchando películas y libros”

Para  muchos, la cuarentena ha sido una época de ponerse al día  en películas  y series, así como de leer aquellos libros que estaban olvidados  en  una estantería del salón. Para Mercedes fue algo parecido, pero no  viendo,  si no escuchando.

“Pasé mucho tiempo hablando por  teléfono con familia y  amigos, pero también disfruté de películas”. Y  ahí seguro que se despierta la  curiosidad de la mayoría. Sí, hay  películas adaptadas a las personas ciegas. “Se  encuentran en la página  Audesc y están muy bien”, informa Mercedes.

“Las medidas  impuestas nos hacen más dependientes de otras personas”

“Cuando  se terminó el confinamiento todo había cambiado”,  asegura Mercedes,  “nosotros nos guiamos por sonidos y olores y, al principio,  eso había  cambiado. Por ejemplo, nosotros cruzamos los pasos de peatones   orientándonos por el sonido de los coches y, si no hay tráfico, es muy  difícil saber  cuándo hacerlo”.

Los supermercados, las  entidades financieras y las calles  han modificado sus señales para  evitar aglomeraciones, organizar las colas para  evitar que la gente  esté demasiado junta y facilitar geles hidroalcohólicos  para la  desinfección de manos al entrar y salir de establecimientos. Estas   medidas, como dice Mercedes, “están impuestas para beneficio de todos,  pero  nosotros no podemos seguirlas solos”.

Para  ir al trabajo, Mercedes necesita coger el autobús urbano y, como ella  misma cuenta, necesita tocar todas las barras de su alrededor hasta dar  con dónde está el timbre o, por ejemplo, con la renovación del autobús  urbano necesitó tocar todos los asientos hasta dar con la  salida, "nuestras manos son nuestros ojos y es justo lo que nos pone en  peligro ahora".

   Siendo consciente de sus limitaciones,  Mercedes  reconoce que todo esto “les hace cada vez más dependientes de  otras personas y,  por norma general, la gente suele ayudar, pero que  alguien se acerque para  indicar dónde están las cosas también supone  romper la distancia de seguridad”.

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